miércoles 26 de agosto de 2009

"Breve digresión sobre la historia"

Naturalmente, antes de la Revolución industrial (a partir de 1770) y de la Revolución francesa (1789) había historia, en el sentido de que ocurrián cosas. Pero se creía que la historia se "repetía". No existía ningún nombre colectivo para expresar la história global y la biografía de la humanidad.

Había historias en plural, ejemplos, biografías, actuaciones del Estado, derrocamientos de príncipes, conjuraciones, rebeliones, carreras, historias de amor y hechos de hombres célebres. Estos sucesos se repetían ciclicamente, y su capacidad para repetirse garantizaba la continuidad de las cosas.


Esto cambió con la Revolución francesa y la Revolución industrial, cuyo producto fue una transformación tan radical que incluso el mundo de la vida cotidiana, que parecía inmutable, empezó a cambiar. No sólo los reyes cambiaron, también lo hicieron las Constituciones; y no sólo las estaciones, sino también la técnica y el modo de sembrar y cosechar, de cocinar y desplazarse, de vivir y calentarse; y cambió incluso el paisaje, que había permanecido prácticamente inalterado durante milenios. La vida diaria también cambió. La infancia de un hombre se convirtió en algo muy lejano; su recuerdo dio lugar a la nostalgia; el pasado se convirtió en motivo de ensoñación; se descubrió la infancia como un espacio de experiencia propio y las ruinas y las murallas derruidas por el tiempo se hicieron populares.

En una palabra, la revolución cultural del Romanticismo fue una respuesta a esta experiencia de aceleración del tiempo. Y el concepto de una historia global es un concepto romántico. Así como en política hay progresistas y conservadores, la historia también se entiende de dos maneras: como progreso y mejora, como revolución técnica y política y como marcha hacia el futuro; pero también como perdida del pasado, como derrumbe de la autoridad, como caducidad, como nostalgia y añoranza de lo que se ha perdido: la espontaneidad de la juventud, la cercanía, la inmediatez y la intimidad de la experiencia infantil, es decir, lo que Goethe llama "ingenuidad".

Y el museo es una respuesta a esta añoranza. En él están presentes todas las épocas a la vez. Aquí se venera a la Historia en forma de arte.


Dietrich Schwanitz- Bildung. "Alles was man wissen muss" (La Cultura. "Todo lo que hay que saber").